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Algunas visiones del mundo en altamar : sistemas bióticos rituales en el golfo de México y el mar Caribe
Artículo de reflexión

Algunas visiones del mundo en altamar : sistemas bióticos rituales en el golfo de México y el mar Caribe

Roberto Reynoso Arán+

Roberto Reynoso Arán
CoLaboratorio de Oceanografía Social, COLMICH. Instituto Nacional de Antropología e Historia INAH
http://orcid.org/0000-0002-6351-969X
DOI: 10.21676/23897864.3399

Resumen

Cada día cobra mayor interés la investigación etnoecológica en México y el mundo. Tal hecho encuentra su explicación en muy diferentes motivaciones: la constatación de que el conocimiento, manejo y utilización tradicionales de nuestros recursos bióticos están sustentados en una sabiduría local; la convicción de que los conocimientos locales pueden ser estudiados, desarrollados y aplicados, tanto en sus regiones de origen como en otras. Los conceptos populares sobre el entorno se clasifican en taxonomías estructurales que muestran los elementos del entorno que son particularmente relevantes para un cierto grupo de gente. Estas, son algunas de las razones aducidas para fomentar la producción en este campo de estudio situado entre los que formalmente comprenden, por una parte, las Ciencias Biológicas y por otra las Ciencias Sociales.

Palabras clave

ritual; cosmovisión; ecología cultural; etnografía; historia social ritual; worldview; ecology cultural; ethnography, social history

Presentación

La gente que se desarrolla en la mar y ecosistemas de marismas: lagunas costeras, bahías y estuarios, es quien ha inspirado el presente estudio, dedicado a mostrar sus historias, sus trabajos, sus creencias, cosmovisiones e identidades en altamar, en sumo, su cotidiano. En él inciden no solo la formación adquirida en el campo de la Antropología, sino, más aún, trabajando en conjunto con múltiples disciplinas como la historia ocial y Ambiental, la Ecología Cultural y la Geografía Humana. Esto nos ha permitido articular cada una de las propuestas conceptuales clave y categorías de una manera integral y analizar en el contexto actual la transformación del entorno biofísico, como de los aspectos culturales que han sido inherentes al devenir histórico de las regiones de México donde hemos llevado a cabo investigación (golfo de México) y de las regiones del mar Caribe donde trabajamos actualmente (Corozal y Bluefields).

La relevancia de este estudio radica en la importancia que tiene la pesca ribereña o artesanal, el culto y la relación mágico religiosa que entablan los pescadores con sus aguas: lagunas, esteros, ríos, riachuelos, ojos de agua, océanos, litorales; no solo en México, sino, más aún, en gran parte de los océanos del mundo; para este caso el mar Caribe y el golfo de México, principalmente. Cabe mencionar, que estos ecosistemas de marismas son considerados como los más productivos de la biosfera, ya que hoy día están sometidos a una intensa explotación por la diversidad y complejidad de sus recursos biológicos y minerales y por su potencial turístico. Estos ecosistemas son de una enorme complejidad tanto natural, como cultural y, por tanto, susceptibles al deterioro y transformaciones, provocados, entre otras cosas, por la falta de gestión de sus recursos renovables, la contaminación y la marginación social de las poblaciones que derivan se subsistencia de la pesca, la caza y la recolección. Advertimos que por estas razones y otras más, es importante atender e insistir que el océano y los cuerpos de agua dulce constituyen un medio de vida sumamente vulnerable. Consideramos que este problema, se presentara en todas las zonas cercanas a las ciudades importantes, e ira agravándose a medida que aumente la urbanización, y los proyectos de industrialización. 

Para poder dar cuenta de la forma en que se desarrolla la vida cotidiana de estas personas, fue importante observar cómo se presentan las relaciones en la comunidad (entrevistas a profundidad, conversaciones y grupos focales), como usan los espacios y el tiempo libre, y como el trabajo en la mar transforma la estructura familiar, esto es: creencias, ideologías e identidades.

Al realizarse los estudios antropológicos en el campo pesquero, se ha partido de la comparación de este con el trabajo campesino o bien con el de otros sectores obreros, sin embargo, el pesquero tiene una especificidad que intentamos describir y analizar. Se trata de un sector de la producción que ha sido poco estudiado, y que tiene características propias. Este es el caso de los nativos de la Huasteca Veracruzana, en la costa Norte del golfo de México; de los sujetos del Caribe en Corozal, en la Bahía de Campeche en Belice y de los Garífunas de la Bahía de Bluefields, en el Caribe Nicaragüense; en donde los pescadores son eso y nada más, y en donde sus formas de vida y de organización familiar difieren de otro tipo de trabajadores. Estas características propias en la vida de la gente del mar, recaen en sus relaciones de producción y en el cotidiano de sus familias, de esta forma surge una cultural propia que los diferencian del resto de la población que no está integrada a este proceso productivo: la pesca. Pues es a través de ella que los sujetos de estas tres distintas regiones marítimas, logran edificar complejos simbólicos en torno a su trabajo con la naturaleza. 

La poca experiencia y el conocimiento superficial que se tiene sobre el medio acuático y muy especialmente sobre la actividad de la pesca en océanos de México y el Caribe, ha venido en incremento, y se ha inclinado por una corriente, sobre todo por antropólogos de Estados Unidos y Canadá, que denominan Antropología Marítima. Pese a esto, las ciencias sociales – y en particular la antropología mexicana- ha prestado poca atención al estudio de las comunidades costeras que subsisten de los recursos del mar y de la propia actividad pesquera. Al hablar de las poblaciones pesqueras en México, nos percatamos que han recibido escasa atención por los antropólogos hasta hace relativamente poco tiempo. Los primeros trabajos monográficos en este campo aparecen a finales de los años ochenta, con planteamientos teóricos cercanos al funcionalismo, sobre todo con el proyecto “La vida en un lance”, que tuvo como resultado las publicaciones de 12 monografías sobre la vida de los pescadores de México, si bien fueron los trabajos pioneros, dejaron de lado otras ínfulas de análisis antropológico, como la religiosidad popular, rituales de iniciación en la pesca y mitos que prevalecen en muchas regiones en comunidades pesqueras de nuestro país. Otros paradigmas que han sido utilizados para analizar las poblaciones de pescadores van desde el interaccionismo simbólico a la ecología procesual o la economía política, como los trabajos de Brockmann (2004), quien, en su trabajo, nos da testimonio de la presencia del mundo marino en las culturas de las comunidades costeras del país, como de aquellas ciudades del interior, donde se ven productos particulares y lenguajes propios de los pueblos pesqueros.

Otras investigaciones en México sobre la problemática pesquera, han sido realizadas desde diferentes disciplinas como la economía, ingeniería, arquitectura, derecho, biología, oceanografía, oceanografía, sociología, etc. Por ejemplo, el estudio de Ayala Quintero (1980), en el que bajo el enfoque de la economía política, describe como las comunidades pesqueras se han beneficiado económicamente y políticamente, uniendo lazos y abriendo rutas comerciales entre cooperativistas de varias localidades e incluso regiones. 

La biología, por su parte, ha investigado sobre temas que incluyen peces, mamíferos, aves, moluscos, y también, específicamente, sobre la problemática de pesquerías, artes de pesca, capturas incidentales y descarte pesquero (Mateo, 2004), entre otros. La economía por su cuenta, ha indagado sobre la implicancia de los movimientos comerciales marítimos. Aunque la pesca no cuente con la misma visibilidad económica-productiva que la actividad agrícola y la ganadera, en nuestro país, gran parte de los ingresos por exportaciones se producen por la pesca (Rojas, 1980). 

Hablar sobre los estudios de las comunidades pesqueras desde una perspectiva antropológica tiene una tradición dentro del campo. Consideramos que el estudio de la actividad pesquera en la antropología se encuentra desde sus orígenes, ya que ésta se ha enfocado al estudio de las comunidades primitivas, quienes se dedicaban a la recolección, la caza y la pesca. Es decir, ésta es una de las actividades que el hombre ha realizado desde sus inicios (De la Cruz, 1986). Se puede mencionar como modelo de esto, los estudios realizados por Malinowski en las Islas Trobriand (1948), o el de Margaret Mead en Samoa (1928), como unos de los materiales importantes en lo que, años más tarde, serían lecturas necesarias para ir conociendo el trabajo en las comunidades pesqueras. 

La gente del mar tiene una particularidad en México y el Caribe; que la distingue de otros trabajadores que laboran en la naturaleza, como los campesinos, cañeros, mineros o inclusive trabajadores de una fábrica. Esta particularidad consiste en que trabajan exclusivamente en el mar y con el mar, y esta relación e interrelación permanente genera más que un vínculo laboral, pues da pie a ideologías, mitologías e identidades que recaen en una cultura propia: la del mar, la del pescador con un sentido de colectividad, un lenguaje común, y formas de vida. Si bien la actividad pesquera es variable en estos tres escenarios (golfo de México, Bahía de Campeche y Caribe nicaragüense) ya que la temporalidad o disponibilidad del recurso, productos y especies marinas son diferentes en cada ecosistema acuático; y esta diversidad marca la jornada de trabajo en altamar, al mismo tiempo, las artes de pesca, las técnicas de captura de especies y navegación también son diversas; sin embargo existe algo que los identifica y unifica, existen signos y significantes que los liga en creencias, ideologías y practicas; es el mar y la actividad que en él desarrollan, lo que los une.  

Al mismo tiempo, que se da importancia a las familias de los pescadores. Durante la experiencia en campo pudimos dilucidar tres tipos: en el golfo de México, familias donde el padre, la madre y los hijos e hijas participan en la actividad pesquera. En Corozal, Belice; los padres y los hijos varones, son los únicos que trabajan en la mar, y en Bluefields, donde los padres son los únicos que participan activamente en el trabajo pesquero. Otro aspecto importante en la vida de los pescadores, es la comunidad. El espacio central de la socialización de estos pescadores tiene símiles y diferencias que los caracterizan. Corozal, en Belice, es un poblado habitado únicamente por pescadores y migrantes, dada su cercanía con la frontera sur de México (Campeche) van y vienen. Hablar de colectividad es hablar de sus espacios, de formas de ayuda, de apropiación, de interpretación, de utilización, de formas de organización y simbologías. En la Bahía de Bluefields en Nicaragua, la socialización fuera del trabajo en la mar, desempeña un papel importante en la vida de todos los pescadores; ellos se reúnen en espacios colectivos tales como la tienda, en donde las conversaciones se dan en torno a la pesca y sus capturas, las mujeres, la música, los problemas económicos, actividades familiares, planes a futuro, las especies, relatos extraordinarios de aventuras y experiencias sobrenaturales que les suceden a pescadores en altamar, los climas, la luna, los vientos, las mareas, etc. de cierto modo la vida cotidiana, y el sentido de colectividad es el reflejo de la actividad que se da en la mar. Por otro lado, en el golfo de México, en la parte costera de la Huasteca Veracruzana, los pescadores colectivizan en cantinas, bares y riberas, donde dialogan en torno al temperamento de las aguas, esperando que la pesca marche bien el día que prosigue, preparan avíos, comentan las relaciones familiares que entablan con sus parejas, cuentan chistes y rivalizan sobre quien capturó más especies durante la jornada. Cabe mencionar que encontramos contrastes en los tres grupos de pescadores con los que hemos pasado amplias horas en altamar y en tierra, cuando las especies abundan los pescadores trabajan toda la semana, para descansar los días domingos, el cual aprovechan para comprar alimentos, hacer algunos arreglos a las viviendas, lavar ropa y recrearse con vecinos y la propia familia. El cotidiano cambia en los meses en que las especies se encuentran en veda (crecimiento y reproducción de mayo a julio) y, por lo tanto, el recurso escasea. En este tiempo los pescadores emplean otras formas y estrategias de supervivencia, pues están sin trabajo hasta tres meses.  

Este artículo pretende demostrar que la pesca se constituye en ciertas zonas marítimas de México y el mundo, la actividad más importante, no solo económica, sino, que contiene en sí un peso determinante en todos los acontecimientos que viven y dan lógica a la existencia y cosmovisión de sus habitantes. Afirmamos que la existencia de los asentamientos de estas zonas, se organizan en función de la pesca ritual. Se hace constar que este texto no es un estudio exhaustivo de todo lo que pudiera registrarse sobre la pesca en el golfo de México y el mar Caribe, con pescadores de la Huasteca en México y pescadores del mar Caribe en Belice y Nicaragua; lo que requeriría de una extensión de la cual no se dispone ni es nuestro empeño. Si bien nuestro trabajo se plantea como un aporte al constituir una modesta muestra de cuanto es México y sus costas en la actualidad y de lo que otras culturas marítimas (Caribe) tienen que contarnos sobre sus mitologías y cultos al océano; de sus trabajos en altamar y sus experiencias cotidianas de vida. Para ello nos hemos valido de rescatar con toda exuberancia, los hechos observados y plasmar, al tiempo de comunicar, los relatos de las tradiciones de dos grupos de pescadores divididos por grandes masas de agua; pero unidos en pensamientos, prácticas e identidades colectivas como gente del mar. Esperamos que este apartado por lo que significa para las Ciencias Antropológicas y las Ciencias Naturales, abra nuevas ínfulas de especialización a los científicos sociales, biológicos y técnicos, y contribuya a una mejor comprensión de la compleja y rica historia de las comunidades marítimas de nuestra América, su propia percepción y comprensión del mundo. Si los estimados lectores aceptan los materiales como una invitación al estudio crítico de la complejidad cultural en los grupos y regiones donde prevalecen los ecosistemas de marismas, y su significado fundamental para la historia ecológica y social de América Latina, veremos realizado el objetivo principal de este capítulo.

Sistemas bióticos rituales: una forma de entender el mundo

Una de nuestras propuestas de trabajo está centrada en la interdisciplinariedad en las ciencias sociales y la relación entre teoría y práctica. En primer lugar, partimos de la necesidad de plantear un abordaje interdisciplinario, para poder problematizar acerca de la ecología, la historia y la antropología, como una demanda imperiosa de la realidad social hoy en nuestras zonas de estudio. Ponemos de manifiesto que es posible lograr al menos una “disponibilidad interdisciplinar”; o lo que venimos designando “dialogo de saberes” entre diversas disciplinas; una forma de colaboración entre gente que habla idiomas diferentes, y por lo tanto, se necesitan mutuamente para llevar a cabo su proyecto en un mundo plurilingüe. Con ello, somos conscientes que hablar de la pesca en México y el mar Caribe; aún considerado lo sugestivo del tema, es un tanto aventurado pues las fuentes de información son parcas y algunas en vías de elaboración; habría que someterse a la aparición del hombre sobre nuestro planeta para comprender la necesidad que tuvo, ya desde entonces, de buscar en riberas oceánicas, lagos y ríos, una fuente de sustentación tan importante como lo fue la caza-pesca. Como lo hemos abordado, la pesca no es solo el hecho de sacar los peces para obtener ese alimento, sino el ingenio que el hombre ha de desplegar para poder atraparlos, las artes de pesca de las cuales habrá de valerse, la destreza que ha de emplear, el conocimiento local del paisaje mediato, la lectura del tiempo, la posición de astros y todos los demás trabajos que tiene que soportar hasta conseguir que su adquisición represente el menor riesgo y la mayor seguridad de captura de especies y de su propia vida. Para ello habrá de valerse de algunas prácticas inmersas en visiones del universo particulares, que singularizan su activar; que lo caracterizan otorgando símbolos e identidades propias con las cuales supondrá su trabajo, y su misma existencia en su quehacer cotidiano en la mar.

Repensar a las sociedades marítimas desde su contexto cultural y simbólico ha sido un tema nulamente explorado, más aún, si se profundiza en la relación que tienen los hombres con su entorno natural en el contexto actual. Escribir sobre el medio ambiente y el pasado, obliga a recorrer todos los tiempos, porque allí, en el mar, el hombre traspasa los tiempos y espacios cotidianos, para acceder a los ciclos y recintos de las deidades que custodian y rigen en el entorno. Así el desarrollo de las distintas culturas marítimas de México y el Caribe, que se suceden en el tiempo es la limitante que presenta cada una de ellas en cuanto se refiere a sus modalidades en las artes, usos, costumbres, y cosmovisiones, para la mejor forma de capturar y mejor aprovechamiento de las especies marinas y de todas las demás superficies acuáticas internas; de esta forma se dilucida la relación con el medio ambiente que los hombres llevan a cabo en su territorio. De igual forma, se comprenden las complejas redes que tejen alrededor de sus lugares votivos, lugares de culto y lugares sagrados amplios que transitan en el cotidiano (zonas manglares, zonas arrecifales, playas y arenales). Diferentes son las sociedades que viven de lo que la naturaleza mediata les brinda, trabajando con ella y para ella. Tal es el caso de las comunidades del golfo de México y el mar Caribe, en los países de Belice, en Corozal y la Bahía de Bluefields, en Nicaragua. Algunas consideraciones que anteceden, vienen a ser la justificación de esta investigación, pues para llegar a lo que su título indica, debe entenderse que la pesca en diversas culturas de América latina -Océano Pacífico, golfo de México y Mar Caribe- es el conjunto de sucesos que se prodigan en la historia actual de México, Belice y Nicaragua, tratando de dilucidar la influencia que la pesca ejerce en todos los aconteceres de la vida de sus habitantes, esto es; visiones del mundo, religiosidades, practicas rituales y un resguardo de la memoria cultural y mítica, identidades y una dimensión simbólica compleja que atiende a ciertas fuerzas de la naturaleza; la más importante, el agua, el mar.

En este apartado encontramos algunas singularidades entre culturas de México en la región del golfo y de Belice y Nicaragua en su región del Mar Caribe; entre otras, comprender que el océano, no solo tiene como función proveer de alimento, sino más bien, es el líquido vital, el elemento del que dependen los tiempos: experimentación y conocimiento, y la misma existencia del espacio biofísico en su conjunto del que los hombres pescadores son inherentes y no algo ajeno e independiente (Alegret, 1989, 98). Antes de compartir enunciados, descripciones, y algunas características de las complejidades culturales de los pescadores de estos tres espacios marítimos, compartimos una de nuestras categorías de análisis clave: Sistemas Bióticos Rituales (SBR), categoría propuesta por quien esto escribe, para poder dilucidar de manera más amplia los espacios sacralizados por los hombres pescadores de ambas zonas, vinculados con aspectos divinos y mágicos y su relación expresa con el mar, prueba de ello son las ofrendas de tipo ritual que depositan al océano en zonas de arrecife, lagunas, ojos de agua, cenegas y esteros; el paisaje entonces, adquiere cierta ritualidad, otorgando cierta jerarquía al entorno, son paisajes transformados a través de los tiempos, con una función cultural. Estos sitios ceremoniales de generación de vida, energéticos y cruciales en la vida de todo pescador pueden vislumbrarse como marcadores cosmovisionales, puntos de referencia que posibilitan mediación y comunicación con lo sagrado y elementos de la naturaleza mediata, e incluso indicadores de identidad local y regional. Pues como lo explica la misma categoría; un sistema biótico representa un todo o conjunto conformado por elementos diversos que se influyen de manera mutua, siendo más importante la comprensión de las relaciones entre los elementos que el estudio de su naturaleza u origen. Podemos dilucidar que la categoría explica de manera amplia las unidades de vida de múltiples elementos que interactúan entre sí. En este sentido la categoría SBR, estimula la observación de la naturaleza y se concentra en explorar las relaciones entre los organismos en niveles distintos (biológico-cultural), siempre dentro de unos límites geográficos definidos (Boom, 1993).

Ahora bien, tenemos que un sistema ecológico (miembros de una especie que ocupan una misma área, en la cual se reproducen, forman una población y generan complejos culturales) tiene un componente biótico que incluye todos los seres vivos que tiene sus ciclos vitales, ya sean microorganismos, plantas o animales, y un componente abiótico, que incluyen las condiciones físicas o químicas del suelo y el agua, así como el clima que en el nicho ecológico prevalece, esto es la atmosfera, la temperatura, los vientos, el régimen de lluvias, etc. Estos organismos del componente biótico conforman ecosistemas, pero de misma forma, edifican sociedades, más aún si se habla desde la ecología de poblaciones y muy específicamente de organismos humanos; por ende se suman los complejos culturales y de identidad que conforman los sujetos en sus diferentes nichos ecológicos: vivir en las montañas, vivir en zonas marítimas, desérticas, bosques, riberas, metrópolis, hacen que el grupo de individuos aporte a su sistema biótico ciertas características que yacen en el plano cultural, de lo social y de lo psicológico; así la diversidad y las capacidades de adaptabilidad biológica y cultural, salen a flote. Al hablar entonces de Sistemas Bióticos Rituales (Reynoso, 2016), nos referiremos a la comunidad ecológica, a la comunidad biótica, viva, pero más aún; a una red de complejos simbólicos y culturales, en la que los hilos están representados por la presencia de cada individuo, y la estructura depende estrechamente de la presencia simultánea de las demás especies, creencias, ideologías, mitologías, de la historia y de los actos simbólicos que refuerzan su existencia. Se trata de un entramado lleno de mixturas, donde el mundo biótico, vivo, y el mundo mítico-ritual del hombre representa una misma agrupación para así determinar la composición cultural de una comunidad, las formas de organización y las interacciones de las distintas entidades en un mismo habitad. Es así que los SBR, explican los funcionamientos y entramados culturales y simbólicos de las comunidades biológicas en su conjunto; es decir, las fuerzas humanas y las fuerzas del mundo sobrenatural que juntas edifican las dimensiones simbólicas y elaboran los planos culturales de toda sociedad; el cual da lógica y refuerza lazos de identidad entre los hombres que comparten un mismo ecosistema.

Medio ambiente y antropología: pesca en el golfo de México y el mar Caribe

Al hablar entonces de medio ambiente y antropología, surgen ciertas reflexiones en torno a uno de nuestros temas predilectos, la relación sociedad-naturaleza y también naturaleza-cultura; estas reflexiones tienen una vasta historia propia a la disciplina antropológica. En su versión decimonónica, la antropología se ocupaba tanto de los aspectos culturales como por los biológicos de la humanidad. Con la creciente especialización disciplinar en el siglo XX hubo una aparente separación entre explicaciones de tipo naturalista y los trabajos que enfatizaron la dimensión cultural. Sin embargo, la emergente antropología social nunca dejó de interesarse en el contexto medioambiental que rodeaba a las sociedades estudiadas. Prácticamente cualquier monografía “clásica” inicia sus páginas con una descripción de territorio, el clima, los tipos de suelos, etc. como mínimo, la naturaleza sería un escenario donde se desenlaza lo social. Consideramos que esta propuesta es importante para el estudio de los socio - ambientes, nichos ecológicos, geografías sagradas, paisajes rituales, ya que a través de tales temáticas los distintos actores comparten y expresan sus visiones acerca de su naturaleza mediata, y que son a la vez discursos tanto como guías de acción. Los lenguajes con los cuales se expresan pueden resultar un campo fértil de análisis para una antropología volcada hacia la explicitación e interpretación de símbolos y significados. Los escritos de Philippe Descola (2012) resultan muy sugerentes para nuestro trabajo, pues el autor propone el concepto de etnicidades ecológicas para referirse a comunidades de campesinos, pescadores, pastores, etc. De acuerdo al autor, estos colectivos humanos se esfuerzan por mantener una relación simbiótica entre las personas y la tierra, el agua, los océanos, las montañas, etc., así su defensa de la naturaleza, por consecuencia, no se expresa en el lenguaje científico de la ecología, sino a través de tradiciones culturales particulares en las que la valoración del medioambiente no se contraponen a las actividades económicas; es decir, de trasfondo está presente un pensamiento cosmogónico, cosmoteista y religioso de su medio ambiente y de cómo interrelacionarse con él; como aprovecharlo y como mantenerlo. Advertimos que debemos cuidarnos del peligro de no caer en un determinismo cultural y/o determinismo ambiental.

Estas sociedades ligadas a los procesos y ciclos de la naturaleza, no solo temen, ritualizan y respetan su medio; si no que han desarrollado estrategias que les permiten vivir de manera armónica y simbólica con ella. Tal es el caso de los pescadores de la Huasteca Veracruzana, en la costa Norte del golfo de México; en las zonas salobres y de marismas denominada Cabo Rojo; las personas que cohabitan esta región de Veracruz, han logrado un equilibrio dinámico que les permite aprovechar los recursos marinos de forma sustentable y loada. Hoy día, estos pueblos no culpan a la naturaleza de ser despiadada con ellos; más aún, es el opuesto, pues con las diversas formas en que la naturaleza se manifiesta (tormentas, huracanes, maremotos), se garantiza la continuidad de la vida. Es bueno señalar que, en la Huasteca Veracruzana, cada jornada de pesca constituye una larga fase en la vida del pescador en la cual el trabajo, el esparcimiento y el riesgo forman una combinación muy particular. Es característico de los pescadores de Cabo Rojo sentir profundo orgullo por el trabajo que realizan y están conscientes (sobre todo los pescadores que realizan la pesca en alta mar) que en esta riesgosa actividad se puede perder la vida de múltiples formas en cualquier momento, este representa un gaje del oficio, sin embargo, no hemos conocido a uno que no exprese placer y satisfacción por su trabajo.

Cabe señalar que en estas tres zonas marítimas, existen diversos rituales practicados en lo lejano del mar o en lo profundo de la laguna, existen también rituales de peregrinaje para buena fortuna y propiciar la buena pesca, rituales también adivinatorios para localizar con mejor atino las presas, algunos otros para pronosticar el “buen y mal tiempo”, algunos otros para bendecir los avíos de pesca, esto es redes, mallas, incluso anzuelos o arpones, botes y canaletes, esto con el propósito de que les sirvan mejor y duren más, sin dejar de mencionar los rituales de iniciación en la pesca, los cuales los hemos considerado los más importantes en la zona. Compartimos a continuación un ritual para la buena fortuna y propiciar una prospera jornada laboral, dicha práctica la encontramos en los municipios costeros de Majahua y Tamalín en la Huasteca Veracruzana (figura 1).

Figura 1. Ubicación de la Región Huasteca Veracruzana, México. Tomado de Google map (2019).

Los pescadores de esta zona cada lunes por la mañana realizan este ritual: el ritual comienza muy temprano, el líder del grupo de pescadores, quien suele ser el de más experiencia y el de mayor edad, es quien dirige el ritual, aquí no se requiere de un especialista, pues todos los pescadores conocen el ritual. Durante el sábado o el domingo por la tarde el pescador líder, captura una tortuga (Lepidochelys olivacea) y una concha de caracol ermitaño (Crustacea: Paguroidea), las cuales suelen abundar en la zona de dunas de playa de Cabo Rojo, con ambos materiales de la naturaleza se propicia el ritual.

El día lunes por la madrugada (5:00 h) inicio de la semana laboral de pesca en altamar de sargo (Diplodus sargus sargus), cazón (Galeorhinus galeus) y robalo (Dicentrarchus labrax), especies marinas de la zona; una vez preparados los avíos, herramientas y equipaje de la tripulación; en tierra se prende una fogata con leños y palma, la concha del cangrejo ermitaño es arrojado una vez que arda con fuerza el fuego, entonces la pequeña tortuga nombrada en la zona “galápago” es sacrificada, una vez muerta se desangra; la sangre se vacía en la parte superior del gran caracol que yace ardiendo en las brasas y fuego de la fogata, hasta que el pequeño animal deja de sangrar y el fuego de la pequeña fogata ya casi se ha consumido, el caracol es retirado de las brasas y entonces se le contempla, se le descifra y se le lee. El pescador líder, es quien recoge de las brasas ardiendo la concha de caracol, que está impregnada de la sangre de tortuga y yace tiznado y partido, si la concha de caracol se rompe al enfriar, entonces es mal presagio, se traduce que la pesca no será buena y el clima no los favorecerá (pueden ocurrir lluvias repentinas, fuertes vientos que pondrían en riesgo a la embarcación, etc.); pero si la concha del caracol no se parte al enfriar, si solo unas pequeñas cuarteaduras aparecen, eso es un buen pronóstico, el grupo de pescadores que yacen atentos al pronóstico del pescador líder, se embarcan con más emoción y parten a altamar.

Cabe señalar que este ritual propiciatorio tiene una función muy específica, ya que funge como un oráculo adivinatorio de las especies que abundarán en su jornada laboral, y si el clima los favorecerá; la función de la sangre de tortuga es revivir el caracol, darle vida por unos segundos y revivir a la especie, estos son aspectos míticos, regresar a la vida al caracol ermitaño, pues según los pescadores de estos dos municipios, es una de las especies que más sabe de los misterios del mar y es de las que más años viven, por lo tanto es “una especie sabia”, pues “ha vivido más” dicen los pescadores. Este ritual nos lleva a considerar que la percepción que se tiene del trabajo en la mar en la Huasteca Veracruzana es estrictamente ritual, con ello la producción de bienes y servicios se organizara en función de los requerimientos para la reproducción social y cultural, el hombre de la región marítima de la Huasteca Veracruzana atento con la naturaleza, produce de forma competitiva y une a la sociedad con el medio natural, demostrando quien trabaja más y mejor.

Así el cimiento de las relaciones sociales de estas personas es compartir el trabajo, los recursos, la producción, las dichas y también las penas. En esta zona la relación hombre-naturaleza se fundamenta cultural y étnicamente, teniendo como base la tradición popular y por consiguiente el origen comunal y étnico. Como se puede apreciar en estas líneas; los aspectos religiosos y rituales de la pesca en la región de la Huasteca, en Cabo Rojo, Veracruz, corresponden al universo abstracto, esto es, a los mitos (sistemas de creencias locales), los cuales se materializan en el universo y práctica ritual, lo cual genera una ideología de lo sagrado, un culto, con un lenguaje simbólico particular, rico en símbolos y objetos sagrados, con sitios sacros (ojos de agua, esteros, arenales, playas, arrecifes), donde se relaciona el trabajo con la vida ritual y ceremonial, con ofrendas, con energía y emotividad, con fe y amor, es con lo que su trabajo toma un aspecto sagrado. Lo emotivo brinda valor al trabajo y a la vez ganancia. Esta lógica de contemplar el trabajo como una labor sagrada, es una estrategia para encontrar y construir un imaginario para actuar. Lo cual los integra culturalmente, brinda seguridad y fortalece el grupo. En este sentido las relaciones sociales, las relaciones económicas, y la memoria histórica, se muestran expresivas para realizar en comunidad su labor en la mar. En esta concepción de mundo, los pescadores huastecos modernos; podemos comprender cómo la naturaleza representa parte del mundo místico del hombre, pero a la vez es componente importante de su ser. De esta forma, el pescador de la región, la naturaleza y las divinidades forman una simbiosis -un Sistema Biótico Ritual- donde a la vez que el medio natural modela el pensamiento religioso, el hombre proyecta su imagen para halagar a las deidades creadoras. En el caso de los pueblos pescadores de la Huasteca Veracruzana, se vislumbra como han edificado una importante cultura, como gente del mar, y donde es perceptible el equilibrio entre sociedad y naturaleza (Vilches, 1980). En el caso del Distrito costero de Corozal, en Belice, encontramos que se trata de una villa de pescadores artesanales, muchos de ellos auto reconocidos como garífunas y afrodescendientes.

Los pescadores de “la ciudad que flota entre aguas” como designan su territorio, tienen áreas particulares de pesca que la mayoría de las veces son la continuación de la propiedad terrestre, ahí realizan pesca con chinchorro. Si un pescador hace un “lance” en la orilla perteneciente a otro, tiene que dar al dueño una parte de lo obtenido. En la orilla hacen corte de hierbas sumergidas para mantener los arenales limpios, y para que cangrejos (Cardisoma guanhumi) y jaibas (Arenaeus cribrarius) puedan arribar. Don Catarino, pescador ribereño nos comentó: “nosotros aquí somos libres de pescar en el área donde nosotros queramos, pero hay que pescar donde no perjudiquemos a nadie, ni a los animales, ni a los guardianes de los arenales del padre mar, debemos pedir permiso a los dueños del arenal, pero también a los espíritus”. Dentro de las áreas de playa, donde los chinchorreros hacen sus capturas, existen entidades que merodean, custodian el entorno, a ellos es necesario realizar peticiones y ofrendas en los lugares votivos para que permitan al pescador hacer una fructífera pesca, estos rituales de prosperidad (los cuales se detallan enseguida) brindan a los individuos ciertos comportamientos mágicos, que insertan al pescador en una visión de la vida y del mundo socialmente acreditada en Corozal, para ellos el mundo mágico, los entes, los espíritus, los seres y símbolos mágicos, son auténticamente comunicantes y por lo tanto no se aíslan al individuo, más aún, lo reintegran al mundo, ayudándole al cotidiano de su vida y obteniendo favorables resultados gracias a los recursos mitológicos y rituales.

Figura 2. Ubicación de Corozal, Belice. Tomado de Google Maps (2019).

De esta forma, se puede ver como la actividad de la pesca en Corozal, acompañado de la vida ceremonial: trabajo, cultos, obligaciones, creencias mágico religiosas, estimulan y aumentan la potencia humana para efectuar operaciones eficaces sobre la realidad natural, haciendo de su práctica en Corozal, un rico almacén provechoso para la vida de los grupos de pescadores. Como en todas las teogonías, religiones, mitologías y supersticiones, el hombre de Corozal, tiene y ha tenido la necesidad de protectores de índole sobrenatural, para hallar en lo desconocido el origen de sus aciertos y de sus desventuras. A estos seres se les implora con la oración y la ofrenda para obtener sus favores (la religiosidad de los garífunas de esta zona media entre el cristianismo y la religión de los ancestros, la cual se ubica entre lo africano y lo amerindio). Miran al cielo, miran al mar, elevan su espíritu y aguardan la realidad. En la comunidad de Corozal, el mundo mágico de la pesca se relaciona directamente con creencias mágico religiosas que ocupan un lugar trascendente en la propia actividad, desde muy niños se introducen en las historias, paremias, leyendas y mitos del origen del agua y el mar, la procedencia, el nacimiento y la muerte de los hombres. Surge así una figura crucial, el llamado “Brujo del Agua”, que no es otra cosa que el mismo “Padre Mar”, dueño de los mantos acuíferos, ríos, lagos, dueño del agua, “agua en sí”, a él se ofrenda y se atribuye la deuda existencial de los hombres en Corozal: “es el creador, del él venimos, somos hijos del agua, somos pescadores, nacidos del mar, venidos de su vientre, bautizados por él, creados por él”. Preguntando si este afamado y adorado, respetado y bondadoso, temido y venerada potencia de la naturaleza tenía “forma” (advocación), Don Hiñigo Teodore, langostero y carpintero de botes de árbol, nos comentó que en ocasiones lo han visto, él mismo lo ha visto: “tiene cabeza de tiburón y manos de pulpo, espanta, pero no es malo, tiene pies como nosotros, corre y nada a la vez, salta alturas y come aves, le gustan las frutas, yo mismo le he dejado en el arrecife de mi arenal limas y pitayas (Stenocereus), maracuyá (Passiflora edulis) y mango (Mangifera indica), todo se lo come, ésta bien nutrido, es el padre, se transforma, después se desase, no tiene forma, es el mar mismo, el agua, todo el tiempo nos ve, nos mira, nos cuida, pero también nos castiga”.

Figura 3. Ubicación de Bluefields, Nicaragua. Tomado de: Google Maps (2019).

En nuestro tercer caso, pescadores artesanales de Bluefields en Nicaragua, muchos de los pobladores aseguran que Bluefields, significa “Lugar de Campos Azules”, haciendo referencia, desde luego, a sus azulados mares (tonalidades marinas, características de mar Caribe) en el que se conglomeran más de 70 formaciones entre islas y manglares (Laguncularia racemosa) que proveen de refugio a una gran variedad de plantas y animales (figura 3).

Conformado por agrupaciones de casas edificadas sobre el agua, aisladas de cierta forma con los complejos urbanos y terrestres de otros distritos. La pesca en la Bahía de Bluefields, aguas internas, esteros, ojos de agua y en altamar, siempre va acompañada de un ritual para propiciar la buena jornada, este tipo de ceremonias van dirigidas al océano, al agua, cuya importancia para los habitantes en Bluefields es intrínseca a su existencia: “gracias al agua, salada, dulce, de mar, de lluvia, nosotros estamos aquí, vivimos, el agua es nuestra vida”, “gracias a las enseñanzas de muchos de nuestros abuelos, venidos del Istmo de Rivas y el Gran Lago de Nicaragua, ahora nosotros, hemos perfeccionado las artes de pesca y vivir en la mar”. Hasta aquí los rituales descritos muestran hasta qué punto, en el hombre, la confianza de los actos rituales prevalecen sobre la duda, la estabilidad sobre la incertidumbre, y el optimismo sobre el pesimismo. El trasfondo mágico religioso de la pesca en Bluefields, permite entonces, dilucidar como el poder de la palabra –cantos, plegarias, etc.- del ademan ritual –música, ruidos, movimientos, etc.- en cuanto comunicantes, son las estrategias útiles y necesarias para vivir el medio, comprenderlo y apropiarse de él, interrelacionarse (O'Connor, 1998).

Consideraciones finales

En las regiones marítimas de estudio se aclara la importancia que atribuyen los pescadores de Cabo Rojo, tanto como los pescadores de Corozal y Bluefields a la laguna, el estero y el río, parecen expresarse también, en una norma “invisible” y consiente, reguladora de su consumo y de su relación con la pesca. Puesto a secar en el sol, siendo congelado, siendo destripado y salado, un pescado se conserva fácilmente durante días. No es pensable, en ninguna de las costas donde acudimos a trabajar, que un pescador artesanal vaya a pescar en la laguna, estero o río, si todavía le queda algo de una captura anterior que no ha sido consumida. Si lo hiciera puede estar seguro de no agarrar de nuevo, ya que “la madre”, “el padre”, “el agua vida”, no le responderán a su llamado, hasta que estos, consuman en totalidad su captura, la hayan compartido y agotado su reserva. Así los peces, no pueden ser objeto de prácticas de acumulación ilegítima o particular (figura 4).

Figura 4. Pescador de Corozal, Belice.

Por último, consideramos oportuno mencionar que la comunidad de pescadores con quienes trabajamos en Cabo Rojo, Corozal, y Bluefields; sobrevive y resiste, aunque las comunidades de cada una de las regiones estén vinculadas con el orden político nacional de México, Belice y Nicaragua; pues los conflictos están parcializados, es decir, son muy emergentes y activos, pero casi nunca van más allá de la comunidad. Dada la estructura local y regional de la zona huasteca Cabo Rojo, Bahía de Corozal y Bahía de Bluefields, los pescadores se presentan como un arquetipo de ciertas ideas y valores genuinos y particulares, que son componentes de la cultura popular e identidades singulares, la cultura del pescador. Precisamos en un sentido doble: las historias de los pueblos marítimos de México y el Caribe no son todavía del todo historia. En primer lugar, porque están por escribirse; lo que hasta ahora se ha escrito sobre esas historias es ante todo un discurso del poder a partir de la visión del colonizador, para justificar su dominación y racionalizarla. No son todavía historias en sentido amplio, porque no son historias concluidas: ciclos terminados de pueblos que han cumplido su destino y pasaron a la historia, sino, historias abiertas: en proceso; que reclaman un futuro propio, tal es el caso (como muchos otros) de las comunidades y villas de pescadores donde efectuamos las indagaciones aquí compartidas: marismas del golfo de México y el mar Caribe.

Desde los tiempos de las sociedades aldeanas, dentro de los cultos que se efectuaban a la naturaleza siempre se exacerbo al agua como un universo de significaciones y realidades (León-Portilla, 1992), el agua formo parte de las creencias mágicas, pues se le concebía como una serpiente acuática que era el espíritu de las aguas terrestres, lo mismo que como una serpiente alada que simbolizaba a la nube de lluvia. Rico en símbolos fue lo que pensaron los mayas, las gentes de idioma náhuatl, los mixtecas y otros pueblos relacionándola con el origen cósmico; se sabía que falto de agua nada nace, ni echa brotes, nada crece y no da frutos, sin el agua el hombre no puede existir, impensable era para los mesoamericanos poder existir alejados del agua (León-Portilla, 1992). Así como los antiguos contemplaban que la vida de la comunidad era impensable sin el don de las aguas, los hombres pescadores de Corozal, Cabo Rojo y Bluefields consideran que, sin el agua, sin el mar, el ser humano como persona, no puede existir. La biodiversidad existente en esta región, por su complejidad, ha llevado al hombre pescador a conocerla mejor, permitiendo de esta forma -diversas lecturas de su comportamiento- una mejor relación sociedad-naturaleza. Con ceremonias, ritos, ofrendas y tecnologías que regulan su ecosistema; los pescadores de estas aguas; rinden culto a su paisaje, al océano; actos humanos que simbolizan una expresión de reciprocidad por lo que reciben de él. Ellos, han elaborado una connatural capacidad para edificar complejos culturales, está, en relación estrecha a ese medio natural, el océano. Para estas culturas que habitan en ecosistemas de marismas; el mar resulta un sitio de generación de vida, de fertilidad, de nacimiento, pero también de muerte, una morada de deidades (Broda, 2001). 

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Cómo citar

Reynoso Arán, R. . (2019). Algunas visiones del mundo en altamar : sistemas bióticos rituales en el golfo de México y el mar Caribe. Intropica, 14(2), 184–194. https://doi.org/10.21676/23897864.3399