Intropica
Nuevos registros de avifauna en el alto valle árido del río Magdalena en Huila, Colombia
Artículo de investigación científica y tecnológica

Nuevos registros de avifauna en el alto valle árido del río Magdalena en Huila, Colombia

Orlando Padilla+

Orlando Padilla
Universidad del Atlántico
https://orcid.org/0000-0003-3835-507X
DOI: 10.21676/23897864.3395

Resumen

La región árida del río Magdalena en el departamento del Huila es una zona con escasos estudios en avifauna, ha estado sometida a cambios antrópicos notorios. Por ello, se consideró realizar un muestreo de avifauna para contribuir a un mayor conocimiento acerca de la misma. Para ello se realizaron recorridos de campo con longitudes variables, que significaron 92 horas de observaciones en zonas agrícolas cercanas al embalse El Quimbo durante su fase de llenado y mantenimiento. Se destacan los siguientes resultados: nuevos registros para la región de Atticora fasciata y Ammodramus aurifrons, especies con distribución conocida en las cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco; tres especies hasta ahora no asociadas al valle árido del alto Magdalena (Heliornis fulica, Bubo virginianus, y Egretta rufescens); nuevas localidades en el valle alto para cuatro especies (Leucophaeus atricilla, Rynchops niger, Sarcoramphus papa y Pitangus lictor); y además novedades altitudinales y de hábitat para dos especies (Accipiter striatus y Asio stygius). Las implicaciones de estos registros son de interés para el conocimiento de la avifauna colombiana, ya que llenan vacíos de conocimiento sobre la distribución regional de algunas especies y aportan a la comprensión de las dinámicas de colonización, el intercambio de especies y el ensamble de comunidades de aves de esta región en el escenario actual de transformación del paisaje.

Palabras clave

cisandino; distribución; ecosistemas secos; transandino; valles secos interandinos

Introducción

El bosque seco tropical es un ecosistema amenazado por el avance de la urbanización y la frontera agrícola. En Colombia se ha perdido el 98,5 % de su cobertura original (Díaz-Merlano, 2006), y en el departamento del Huila cuenta con 15162 hectáreas, teniendo en cuenta relictos notables ubicados en los municipios de Aipe, Campoalegre, Colombia, Neiva, Palermo, Rivera y Villavieja (Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena, 2016). Es importante resaltar que este es el sector con bosque seco más fragmentado en Colombia (Etter, 1998). Por esta razón, es de gran importancia conocer la diversidad biológica en los hábitats de la región y cómo responden estos a los diferentes escenarios de transformación. Particularmente, este ecosistema ocupó las tierras bajas áridas del alto valle del río Magdalena, hasta los rápidos del municipio de Honda, situados a 229 msnm. La cobertura vegetal que crecía originalmente en lo profundo del valle, conformada principalmente por el bosque seco tropical, ha sido afectada de forma considerable por las actividades agropecuarias y la demanda de leña (Corporación Autónoma Regional del Río Grande de la Magdalena, 2007). 

En términos biogeográficos, el valle interandino del río Magdalena ha sido considerada como una región aislada (Chapman, 1917; García-Delgadillo y Losada-Prado, 2013), y actualmente existe un conocimiento parcial sobre la avifauna. La región más estudiada pertenece al departamento del Tolima (Losada-Prado y Molina-Martínez, 2011; García-Delgadillo y Losada-Prado, 2013), y hacia el sur, en el departamento del Huila, los estudios de Miller (1947; 1952) en Villavieja fueron de los pocos trabajos documentados en este departamento, junto con el estudio realizado por Gómez y Robinson (2014) acerca de los patrones ecológicos de las aves de este bioma. Existiendo, por lo tanto, un vacío regional en el conocimiento de la avifauna.

En general, las comunidades avifaunística de esta región presentan una alta intervención debido a la presión económica generada por la producción agropecuaria, respaldada en parte por políticas de Estado basadas en la creencia de que los bosques secos propios de la región son poco útiles y pueden ser eliminados para expandir la producción agrícola (Díaz-Merlano, 2006), lo que provoca la explotación masiva de productos maderables y no maderables abundantes en el bosque seco (Gómez y Robinson, 2014). Además, la inundación de áreas amplias para el establecimiento de hidroeléctricas ha generado patrones de homogenización de la diversidad vegetal, con conocidos efectos en las comunidades bióticas asociadas (Kattan et al., 2019).  De acuerdo a lo anterior, el presente estudio tuvo como objetivo registrar novedades en la distribución de la avifauna presente en el alto valle árido del río Magdalena, donde se hallaron especies que han superado la barrera de los Andes orientales y otras que amplían sus localidades, aprovechando amplios contextos de transformación. Este fenómeno es de interés ecológico, ya que la variación del ensamblaje de la avifauna puede ser un indicador pertinente en los monitoreos de recuperación de hábitats o de su tendencia a permanecer alterados en virtud de la conexión creada por la deforestación de los piedemontes y el represamiento de grandes masas de agua en los embalses.

Materiales y métodos

Figura 1. Localidades del departamento del Huila (Colombia) donde se realizó el muestreo de la avifauna (modificado de DANE, 2012).

El área de estudio se ubica en el centro sur del departamento del Huila, en cercanías al embalse El Quimbo, a 700 msnm (figura 1). Esta zona corresponde al ecosistema de bosque seco tropical (Gómez y Robinson, 2014), en una condición de completa desaparición del bosque o fragmentos altamente alterados por actividades agropecuarias. La región tiene una precipitación promedio anual de 1200 mm y una temperatura media anual de 25 °C (Fundación Natura, 2010), bajo un régimen de lluvias bimodal que determina una temporada seca marcada, entre junio y agosto, y otra de lluvias, en los meses de marzo y abril (Gómez y Robinson, 2014).

Los muestreos se desarrollaron en un periodo de 11 meses, desde agosto hasta octubre de 2015 y de mayo a diciembre de 2016 (época de transición entre el periodo seco y el lluvioso), con 23 recorridos que significaron un tiempo total de observación de 92 h en nueve localidades notablemente transformadas y contiguas al embalse El Quimbo, ubicadas en los municipios de Garzón, El Agrado y Gigante (tabla 1).

Para las observaciones y fotografías se utilizaron binoculares de 10 x 50 y 7 x 35 y cámara fotográfica de 50x. En cada observación se registró, por un lado, la coordenada y altitud con un GPS Garmin precisión <10 m y, por otro lado, el número de individuos por especie.

También se hicieron observaciones sobre el hábitat y el comportamiento con un grupo conformado por personas.

Para identificar las especies se emplearon las guías de de Hilty y Brown (2001), Restall et al. (2006) y MacMullan et al. (2010), y para todas las especies se siguió el orden lineal taxonómico y la nomenclatura de Remsen et al. (2020).

Finalmente, se contrastó la ubicación de estos registros con los publicados previamente en fuentes digitales nacionales e internacionales como data zone birdlife, IUCN redlis, macaulay library, y la red nacional de datos abiertos sobre biodiversidad (SiB, Colombia), así como con registros de especímenes catalogados en bases de datos de museos como los Museo del Instituto de Ciencias Naturales, de la Universidad Nacional, Museum of Vertebrate Zoology de la Universidad de Berkeley, American Museum of Natural History, Muséum National d'histoire Naturelle, Royal Ontario Museum, Museo de Ciencias Naturales de La Salle, The Field Museum Zoological Collection y Colección Zoológica de la Universidad del Tolima y con algunos registros fotográficos disponibles en la base de datos eBird del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell.

Localidad Municipio Vereda Coordenadas Altura (msnm) Vegetación asociada
1 EL Agrado Arabia 02°12'59,59”N-75°40'25,72”O 710 Secund. baja
2 Garzón Cabuyal 02°11'40,73”N-75°40'55,21”O 710 Secund. baja
3 Gigante Veracruz 02°18'18,56”N-75°38'24,80”O 711 Pastos arbolados
4 El Agrado Yaguilga 02°15'22,84”N-75°39'48,32”O 710 Secund. baja
5 Gigante La Honda 02°23'14,11”N-75°34'48,99”O 750 Secund. baja
6 Garzón Las Damas 02°11'59,27”N-75°39'56,70”O 710 Secund. alta
7 Gigante Barzal 02°19'32,80”N-75°37'22,48”O 708 Pastos arbolados
8 El Agrado Garañón 02°14'57,40”N-75°41'02,36”O 710 Pastos arbolados
9 Garzón Las Brisas 02°10'59,24”N- 75°39'45,75”O 710 Secund. baja
Tabla 1. Definición y atributos geográficos de las localidades estudiadas.

Resultados

Se encontraron un total de 13 nuevos registros para en el en el valle alto del río Magdalena. De manera general, la mayoría de los nuevos registros presentados para el área de estudio son de especies con preferencia de hábitat acuático, como lo son Cairina moschata, Heliornis fulica, Calidris bairdii, Leucophaeus atricilla, Rynchops niger, Egretta rufescens, Pitangus lictor, Atticora fasciata y Ammodramus aurifrons, así como un grupo heterogéneo de cuatro especies de aves de presa (Sarcoramphus papa, Accipiter striatus, Bubo virginianus y Asio stygius), las cuales aprovechaban zonas rurales de pastizales arbolados donde encontraban presas como roedores, aves y cadáveres (figura 2).

Cairina moschata (Stephens, 1824)

La especie se identificó por presentar plumaje de color negro con parche alar blanco prominente, de comportamiento esquivo y con gran distancia de fuga. Esta especie no presentaba registros para la zona y en el presente estudio para la fecha del 15 de septiembre del 2015 fueron observados cuatro individuos en pozos artificiales en la orilla del embalse El Quimbo, en la localidad 8. Si bien, no se obtuvo registro fotográfico, se identificaron por su plumaje negro con parche alar blanco prominente y por su comportamiento esquivo y con gran distancia de fuga. Según los pobladores locales, se les ve de manera infrecuente; además, se considera que no se trata de individuos domésticos asilvestrados, ya que los especímenes domésticos observados en la región poseen plumajes con patrones desordenados de color blanco, negro y marrón, y su conducta es confiada.

Heliornis fulica (Boddaert, 1783)

Se trata del primer registro para esta especie en la región árida del alto Magdalena. Se observaron dos individuos machos en dos quebradas cercanas, resguardadas por taludes rocosos e inundadas por el llenado del embalse El Quimbo (localidades 1 y 2), en las fechas 6 y 21 de septiembre de 2016, respectivamente, ambos en horas de la tarde. Otras especies parecidas en la cuenca como algunos patos, fochas y zambullidores, no poseen su característica silueta de cabeza y cuello, ni tampoco su patrón rayado (figura 2a); además, son aves con un vuelo de corto alcance, durante el cual dejan ver su cola ancha con una banda terminal clara. Adicionalmente, se conocen reportes de eBird en Pitalito (en el sur del Huila), con registro fotográfico de 2017 en la laguna de Guaitipán, aproximadamente a 1400 msnm en la franja de bosque subandino y otro en el año 2019 en Doradal, Antioquia en Torrelavega Wildlife Rescue Center a 145 msnm. Estas localidades son ecosistemas notablemente húmedos, como los registrados por Hilty y Brown (1986) en gran parte de Colombia.

Figura 2. Aves registradas en el alto valle árido del río Magdalena en Huila, a) Heliornis fulica b) Calidris bairdii. c) Leucophaeus atricilla, d) Rynchops niger e) Egretta rufescens, f) Sarcoramphus papa, g) Accipiter striatus, h) Bubo virginianus, i) Asio stygius, j) Pitangus lictor, k) Atticora fasciata, l) Ammodramus aurifrons.

Calidris bairdii (Coues, 1861)

Esta especie se caracteriza por tener patas y rabadilla negra y rémiges primarias que se proyectan más largas que la cola cuando está posada, por lo cual es fácil de diferenciar de los otros correlimos. Es un migratorio transcontinental y tiene registros en la cuenca baja del río Magdalena y en la franja costera Caribe y Pacífico (Naranjo et al., 2012), y reportes en tierras del interior, hasta 3400 msnm y en los valles interandinos de los ríos Patía y Cauca (Hilty y Brown, 2001; Ayerbe-Quiñones et al., 2008; Birdlife, 2016). Este es el primer registro de C. bairdii para el valle alto del río Magdalena en el Huila (figura 2a). Dos de los individuos registrados se hallaron en una bandada mixta con 24 correlimos pectorales (Calidris melanotos) y dos correlimos diminutos (Calidris minutilla) en el municipio de Gigante (localidad 3) durante el 21 de septiembre, y otros dos individuos el 5 de octubre de 2016, todos en horario de la tarde y a orillas del embalse El Quimbo, ocupando el mismo sector. Se asume que usa todo el territorio en su paso migratorio, pero sin localidades puntuales en la región (Ruíz-Guerra, 2012 (figura 2b).

Leucophaeus atricilla (Linnaeus, 1758)

Esta gaviota es mayormente costera y su presencia en el Huila, es considerada como un nuevo registro en una de las localidades que pertenecen al valle del río Magdalena, ya que esta especie ha demostrado tener una buena adaptación en hábitats como lagos y ríos del interior del país en distintas altitudes (Hilty y Brown, 1986; Restall et al., 2006; MacMullan et al., 2010). Cabe anotar que además de El Quimbo, la región cuenta con el embalse Betania. Recientemente (enero de 2020), se obtuvo un registro fotográfico de Leucophaeus atricilla relativamente cercano a la ciudad de Popayán (ebird.org/checklist/S63215965). Durante este estudio, se lograron los primeros registros fotográficos en la región; inicialmente fue observado un individuo adulto el 8 de noviembre de 2016 (figura 2c) y otro con características de juvenil (plumaje de primer año) el 16 de noviembre de 2016; posteriormente siete individuos se registraron el 2 de diciembre de 2016, en horario de la tarde en la localidad 3, y otros 14 individuos el 3 de diciembre de 2016, en horario de la mañana en la localidad 4. Esta especie se diferencia de otras en la región, por su vocalización, silueta de vuelo y ausencia de marcas en las rémiges, por lo que no puede confundirse con Phaetusa simplex, una especie frecuente en todo el valle del Magdalena y cuyo pico es amarillo y largo.

Rynchops niger Linnaeus, 1758

Se trata de una especie inconfundible por su aspecto y sus hábitos. A la fecha, es el primer registro con evidencias para el departamento del Huila. Se realizaron registros fotográficos de cinco individuos en la localidad 3, con aspecto de condición reproductiva, debido a la ausencia de banda nucal clara (Ayerbe-Quiñones, 2019), y agrupados en la orilla del embalse (figura 2d). Hasta la fecha se conoce un reporte en el valle alto del río Magdalena para el departamento de Tolima, en Ibagué (Naranjo et al., 2012), complementado con otros registros fotográficos del año 2019 también en Ibagué (ebird.org/checklist/S54784609), aunque se le atribuye recientemente distribución histórica a lo largo del valle del Magdalena (Ayerbe-Quiñones, 2019).

Egretta rufescens (Gmelin, JF, 1789)

El primer registro de esta especie en el alto Magdalena corresponde a un juvenil de morfo oscuro en la quebrada La Honda (localidad 5), detectado el 3 junio de 2016 en horas de la tarde. Luego, en ese mismo horario, pero del 24 de noviembre de 2016, se detectó un individuo en la quebrada La Yaguilga (localidad 4), cuyo aspecto llevó a considerar que se trataba del mismo individuo. Localmente, la especie más parecida es Egretta caerulea en edad adulta, la cual es de menor tamaño, tiene patas verdosas y cuerpo gris azuloso con cabeza y cuello púrpuras; además, su conducta es tranquila, a diferencia de la de E. rufescens, la cual se desplaza constantemente durante el forrajeo (figura 2e).

Sarcoramphus papa (Linnaeus, 1758)

Se trata de un registro fotográfico de un individuo con plumaje adulto, junto a un grupo de siete gallinazos negros (Coragyps atratus) sobre un peñasco alto a la orilla del río Magdalena, en cercanías a la localidad 5 (figura 2f). Este registro no corresponde a su distribución histórica conocida (McMullan, 2018; Ayerbe-Quiñones, 2019). En la etapa adulta esta especie es inconfundible y solo se asemeja en vuelo a Mycteria americana, cuyos pico y patas sobresalientes determinan la identificación. Existen registros de esta especie cerca de Villavieja, al norte del Huila (Hilty y Brown, 1986) y en ebird, siendo el más cercano el primero, correspondiente a enero de 2019 (ebird.org/checklist/S51537435).

Accipiter striatus Vieillot, 1808

Un registro inusual tanto en altitud como en hábitat (McMullan et al., 2010; McMullan, 2018; Ayerbe-Quiñones, 2019) correspondió a un individuo de morfo claro (figura 2g) el 22 de septiembre de 2016, posado a 10 m de altura y muy expuesto en una cobertura de árboles dispersos contiguos a las orillas del río Magdalena, en zona rural del municipio de Garzón (localidad 6), en horas de la tarde. Esta especie es de fácil distinción como morfo claro en comparación con otros rapaces afines, debido al plumaje rufo uniforme de sus tibias, su patrón bicolor contrastante y su cola larga. Hasta ahora no existían reportes documentados de la presencia de esta especie en las zonas áridas de esta región.

Bubo virginianus nacurutus (Vieillot, 1817)

Se trata de una serie de registros fotográficos de una pareja en un nido (figura 2h) con actividad de cría en la localidad 5, entre los meses de agosto y octubre de 2016, cuyo ciclo de cría se detalla en Padilla (2019). Esta subespecie es un búho con coloración dorsal marrón cenizo, de tamaño grande e inconfundible por su barrado horizontal en su parte inferior. Su distribución conocida está asociada mayormente a las tierras bajas del Caribe y a las tres cordilleras (Chaparro-Herrera et al., 2015). La distribución de este búho no había sido bien documentada en esta región, y se conoce su ocupación en la zona por la existencia de un espécimen de museo (ICN 8777), con fecha de 1947, referido por Hilty y Brown (1986) en el municipio de Baraya (departamento del Huila).

Asio stygius (Wagler, 1832)

Para esta especie se obtuvo un registro de altitud comparativamente bajo (Chaparro-Herrera et al., 2015), con un único avistamiento de un adulto en actitud activa y exploratoria (figura 2i) en arbustos bajos, el 18 de mayo de 2016 en la localidad 7. Es una especie de búho grande muy oscuro, con “orejas” muy juntas en el centro de la cabeza y patrón del plumaje ventral con franjas verticales, lo que lo diferencia de B. virginianus. Corroborando su ocupación del alto valle árido del Magdalena, existen un registro de Villavieja, Huila (Hilty y Brown, 1986) y otro de un individuo fotografiado en el municipio de Rivera, Huila, en diciembre de 2014 (eBird(ebird.org/checklist/S44006611).

Pitangus lictor (Lichtenstein, 1823)

Esta especie fue reportada con evidencias por primera vez para la parte árida del valle árido de Magdalena en septiembre 15 de 2015 y 22 de julio de 2016. Se encontraron dos individuos posados a menos de 1 m de altura sobre el agua en la orilla del embalse El Quimbo, en la localidad 8 (figura 2j). En la zona también se encuentra Pitangus sulphuratus, una especie que no tiene hábitos asociados al agua y cuya vocalización es diferente, además de que la forma del pico es más robusta y la tonalidad rojiza encendida en el dorso es muy distinta a la de P. lictor. En Colombia esta especie se reporta hasta los 600 msnm y regionalmente está registrada en el norte del Huila (Ayerbe-Quiñones, 2019). Se cuenta con especímenes colectados en los municipios de Neiva y Aipe (ICNAH 7 del año 1969 e ICNHR 4194 del 1982) y un registro fotográfico reciente en 2019, en Ibagué (ebird.org/checklist/S53004216), lo que, en conjunto con este reporte, da cuenta de la presencia potencial de esta ave en la totalidad del valle del Magdalena en hábitats apropiados.

Atticora fasciata (Gmelin, 1789)

Es una especie de distribución cisandina (Hilty y Brown, 1986; Ayerbe-Quiñones et al., 2008), con expansión de rango transandino y nuevo registro de dispersión en el valle del Magdalena. Los registros se obtuvieron en las fechas 14 de mayo, 30 de agosto y 5, 22 y 24 de septiembre de 2016, correspondientes a cinco parejas detectadas a orillas del río Magdalena (localidades 1, 2 y 9), en vuelo o posadas en ramas secas y expuestas (figura 2k), una de las cuales entraba y salía de un agujero en un barranco rocoso en la localidad 9. Esta es un ave de apariencia característica totalmente diferente a otras residentes y migratorias, con un distintivo cinturón pectoral blanco que contrasta con su plumaje totalmente negro.

Ammodramus aurifrons (Spix, 1825)

Especie de distribución cisandina (Hilty y Brown, 2001; Ayerbe-Quiñones et al., 2008), con expansión de rango transandino. Se observó un individuo (figura 2l) en la desembocadura de la quebrada La Honda (localidad 5), el 21 de mayo de 2016. Este individuo se encontraba sobre bajos arbustales bajos, en la desembocadura de la quebrada sobre el río Magdalena. Otra especie similar en el área de estudio, Ammodramus humeralis, no tiene amarillo extendido en toda la cara, por lo cual es de fácil diferenciación. Existe un espécimen registrada en ROM bird 155009 para el área de Cajibío Cauca y en la cordillera occidental recolectada en 1972, y tres ejemplares recolectados en 1912, Florida, Valle del Cauca (AMNH 117169, AMNH 117170, AMNH 117171). Asimismo, se ha registrado en la cordillera Central, lo cual ubica a la especie fuera de su rango cisandino, al igual que un reciente registro fotográfico en enero de 2019 en la bota caucana (ebird.org/checklist/S63567914).

Discusión

Respecto a la avifauna registrada en el alto valle árido del río Magdalena en el Huila, se puede reconocer tres grupos en las especies observadas en las nuevas localidades: especies cisandinas de hábitat ripario y áreas abiertas provenientes de la vertiente oriental de la cordillera Oriental, especies de hábitat acuático y “aves de presa” ampliamente adaptables a áreas abiertas o bordes. En cuanto a las especies cisandinas de hábitat ripario, cabe mencionar el registro de A. fasciata una golondrina de hábitats ribereños, cuyo límite altitudinal reportado es 1400 msnm (Hilty y Brown, 1986), que habita regiones de bordes de bosques, pasturas abiertas con arbustos en tierras bajas y estribaciones (Turner y Rose, 2010), por lo que su llegada al valle del Magdalena se puede relacionar con la pérdida de bosques en el piedemonte amazónico y en el valle alto del Magdalena en el rango de altitud mencionado. Por su parte, A. aurifrons es un gorrión de hábitats ribereños abiertos y con un rango altitudinal similar a A. fasciata (<1700 msnm) (op.cit), en las estribaciones de los Andes y, por consiguiente, sugiere un mismo patrón de dispersión. 

En cuanto a las especies de hábitat acuático (Cairina moschata, Heliornis fulica, Calidris bairdii, Leucophaeus atricilla, Rynchops niger, Egretta rufescens y Pitangus lictor), su distribución está mejor documentada en las cuencas media y baja del valle alto del Magdalena. H. fulica probablemente esté establecida en todo el valle alto del Magdalena y ha sido subregistrada, una situación similar a la de C. moschata, aunque esta última es escasa por destrucción de hábitat y cacería. En este caso es pertinente anotar que ambas especies se distribuyen a ambos lados de la cordillera Oriental y en el resto del valle del Magdalena y tienen reportes altitudinales por encima de los 2600 msnm (Hilty y Brown, 1986; Ayerbe-Quiñones, 2019), por lo que su presencia es congruente con sus capacidades de supervivencia, de manera que los individuos establecidos en estos sistemas pueden tener orígenes inciertos. Paralelamente, el aumento de la superficie de grandes embalses eventualmente puede favorecer su presencia, al igual que la de las especies C. bairdii, L. atricilla, R. niger y P. lictor, la mayoría de las cuales son de gran de movilidad, y son reconocidas por su capacidad migratoria (Naranjo et al., 2012); dado que la región ampliamente transformada en arrozales, embalses, áreas de producción piscícola y agropecuaria, provee variedad de recursos.

En el caso de Egretta rufescens, se trata de un registro inusual, ya que se considera una especie restringida a hábitats costeros, manglares y playones salinos (Hilty y Brown, 2001), que registra migraciones longitudinales en este mismo rango de hábitats (Falk-Fernández, 2012). De esta manera, puede interpretarse que el individuo observado era errático respecto a su distribución habitual, aspecto que no es novedoso, ya que existen reportes de eBird adicionales de individuos erráticos lejos de las costas en otros países: un registro fotográfico de un juvenil en morfo oscuro en Guatemala en 2019. Asimismo, también se registraron en México, Estados Unidos, Costa Rica y Ecuador (eBid, 2020). 

Por su parte, las “aves de presa” como Sarcoramphus papa, Accipiter striatus, Bubo virginianus y Asio stygius, están distribuidas bosques, bordes y áreas abiertas en un amplio rango altitudinal (Chaparro-Herrera et al., 2015; Ayerbe-Quiñones, 2019). Para las dos especies de búhos, es evidente su capacidad de sobrevivir en zonas secas.  Además, como lo evidencian los reportes, estas especies suelen criar en nidos abandonados de otras aves, al tiempo que en la región existen sectores con acantilados elevados que son sustrato de anidación de varias especies grandes, como por ejemplo Theristicus caudatus, y el paisaje heterogéneo de parches bosques, zonas agropecuarias y cultivos de la región genera un ambiente propicio de abundancia y diversidad de presas (Padilla, 2019). 

En el caso de Sarcoramphus papa, puede tratarse de una especie subregistrada que presenta una gran habilidad de desplazamiento, aprovechando la dinámica de disposición de cadáveres de zonas rurales y boscosas aledañas, además de la disponibilidad de acantilados para sitios de anidación. 

Paralelamente, otros estudios han encontrado algunos elementos faunísticos del piedemonte oriental en los bosques secos del alto Magdalena. Tal es el caso de Gómez y Robinson (2014) en Tolima y Miller (1947; 1952), quien sugirió que la similitud de la avifauna y los patrones morfológicos de las poblaciones de la región de la quebrada La Venta (Tesalia, Huila) y del piedemonte amazónico pueden ser explicadas por su cercanía al paso de Andalucía, Mana Dulce y Boquerón (Huila, Cundinamarca y Tolima, respectivamente). 

Miller (1947) señala que la zona de Andalucía (Huila), a una escala geológica amplia y dada su condición de zona baja en la cordillera Oriental, puede funcionar como “punto de fuga” para algunas especies. En la misma escala, Cadena-Ortiz et al. (2016) concluyen que los valles interandinos generaron bloqueos y escapes de especies, perfilando las comunidades antes de los cambios antrópicos actuales. En el contexto de transformación actual del paisaje de la cordillera oriental, se presenta entonces una oportunidad de desplazamiento por parte de las especies cisandinas reportadas. Igualmente, en una escala temporal más cercana se reconoce a una zona baja de la cordillera Oriental, el sector de La Uribe, en el departamento del Meta, como otro posible punto de entrada de especies amazónicas al valle del Magdalena, como es el caso de los primates Sapajus apella y Saimiri sciureus (Defler, 2003). De esta forma, se espera que más especies tolerantes a las áreas transformadas lleguen del piedemonte oriental al valle del Magdalena y eventualmente se dispersen a lo largo de toda su cuenca; como por ejemplo, Turdus fumigatus una especie orinocense, actualmente se encuentra hipotéticamente distribuida en los valles interandinos (Ayerbe-Quiñones, 2019), así como también, recientemente ha sido confirmada por reportes confirmados en eBird, para  zonas ubicadas Cali, Popayán y Manizales en tanto que la golondrina Pygochelidon melanoleuca, especie orinocense-amazónica, ha sido registrada en el extremo sur del valle del Magdalena (op. cit). Coincidentemente, ambas especies presentan límites altitudinales y hábitats similares a las especies cisandinas nuevas en el valle de Magdalena. 

De manera equivalente, en el contexto de la antropización de la cordillera Oriental se ha reportado establecimiento transandino de especies cisandinas, como por ejemplo Polytmus guainumbi, Turdus nudigenis, Quiscalus lugubirs y Cissopis leveriana, lo que genera cambios en la composición de la avifauna (Strewe et al., 2006; Avendaño et al., 2013). Esta dinámica posibilita incluso hibridaciones de especies similares anteriormente aisladas (Carantón-Ayala et al, 2018). Por otro lado, es importante también tener en cuenta que la literatura de guías de campo y otras publicaciones impresas y digitales (por ejemplo: IUCN; BirdLife; Hilty y Brown, 1986; McMullan, 2018; Ayerbe-Quiñones, 2019) no tienen en sus mapas información uniforme de las distribuciones o localidades de ocurrencia de las especies, lo que podría indicar que en su elaboración se han omitido algunos registros de museos y publicaciones, como es el caso de Ammodramus aurifrons, Bubo virginianus, Asio stygius  y Pitagus lictor.  Así, se evidencia un vacío de exploración ornitológica en la región, lo que hace necesario estimular estudios, inventarios y colectas para profundizar en el conocimiento del efecto de los cambios en el paisaje sobre la composición de las comunidades.

Conclusiones

La avifauna del alto valle del Magdalena ha sido poco explorada, y el hecho de que el presente reporte ofrezca resultados de nuevos registros con recorridos cortos de campo evidencian la baja representatividad de estudios ornitológicos a corto y mediano plazo en la región, incluyendo la recolecta científica.

Con estos registros se está mostrando un horizonte dinámico en cuanto a la entrada de especies, lo que da lugar a la expectativa de ampliaciones de distribución de especies tolerantes sobre un esquema de perturbación antrópica. Asimismo, la creación de grandes embalses fomenta el establecimiento de algunas especies acuáticas, por lo que es pertinente que se implemente una línea de monitoreo y colectas de la avifauna de la región para su actualización. Es preciso abordar las temáticas relacionadas con los flujos faunísticos naturales y artificiales dentro de este valle y sobre la cordillera Oriental, así como los escenarios específicos que los impulsen.

Agradecimientos

A los biólogos Jorge E. Avendaño, Paulo Pulgarín y Fernando Ayerbe-Quiñones, quienes revisaron  varias versiones de este escrito; a Estefany Ramón, por ceder la fotografía de Heliornis fulica; a Juan Camilo Torres, por ceder la fotografía de Leucophaeus atricilla; a María José Serrano, Jorge Zúñiga, Iván Pinto, Eduardo Archila y Nora Pérez, por su entusiasmo y aportes en las salidas de observación.

Referencias bibliográficas

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